Georgia: el país donde el vino todavía habla desde la tierra
Hablar de vinos georgianos es entrar en una
historia que no empieza en una bodega moderna ni en una etiqueta elegante, sino
bajo tierra. En Georgia, pequeño país del Cáucaso ubicado entre Europa oriental
y Asia occidental, el vino no es una moda reciente: es una memoria nacional.
Sus orígenes se remontan a unos 8.000 años, lo que convierte a este territorio
en uno de los lugares más antiguos del mundo vinculados a la elaboración de
vino.
La historia del vino georgiano atravesó
imperios, invasiones, monasterios, rutas comerciales, familias campesinas y
también el largo período soviético. Durante la etapa de la Unión Soviética,
buena parte de la producción se orientó hacia el volumen, los estilos más
estandarizados y un mercado gigantesco que privilegiaba cantidad antes que
identidad. Sin embargo, en las casas, en los pueblos y en muchas familias,
sobrevivió una forma mucho más antigua de entender el vino: el qvevri.
El qvevri -también escrito kvevri- es una gran
vasija de arcilla, de forma ovoide, que se entierra bajo tierra. Allí se
fermenta y puede criarse el vino. No es simplemente un recipiente pintoresco:
es el corazón técnico y simbólico de la tradición georgiana. En 2013, la UNESCO
inscribió el método tradicional georgiano de elaboración en qvevri como Patrimonio
Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo su papel en la vida
cotidiana, las celebraciones y la identidad cultural del país.
El método puede parecer primitivo, pero es
profundamente sofisticado. Las uvas se prensan y el mosto puede fermentar junto
con pieles, pepitas e incluso raspones (escobajo), según la región y el
productor. En los blancos, ese contacto prolongado con las pieles da origen a
los famosos vinos ámbar -muchas veces llamados orange wines-, con color dorado
profundo, taninos presentes, textura seca y aromas que pueden recordar al té,
la piel de cítrico, los frutos secos, las especias y la fruta madura. Son vinos
más gastronómicos que complacientes: piden comida, conversación y atención.
Georgia posee una enorme diversidad de variedades
autóctonas. Entre las blancas, la más conocida es Rkatsiteli, una uva de buena
acidez, estructura y gran capacidad para elaborar tanto vinos frescos como
vinos ámbar de larga maceración. También aparecen Mtsvane, Kisi, Khikhvi,
Tsolikouri y Krakhuna. En tintas, la gran protagonista es Saperavi, una
variedad teinturier -con pulpa coloreada- capaz de producir vinos de color
profundo, acidez firme, fruta negra, especias y notable potencial de guarda. Si
Rkatsiteli explica buena parte de la cara ámbar de Georgia, Saperavi explica su
fuerza tinta.
Hoy Georgia vive una segunda juventud. En un
mundo saturado de etiquetas internacionales, variedades globales y vinos
técnicamente correctos pero parecidos entre sí, el vino georgiano ofrece algo
que el mercado contemporáneo busca con desesperación: origen, relato y
diferencia. Su auge se conecta con varias tendencias actuales: el interés por
los vinos naturales, la búsqueda de métodos ancestrales, el crecimiento de los
vinos de mínima intervención y la curiosidad de sommeliers, restaurantes
gastronómicos y consumidores que buscan beber algo distinto.
Entre los productores más reconocidos
internacionalmente aparecen Pheasant’s Tears, proyecto clave en la difusión del
vino georgiano natural; Iago’s Wine, uno de los nombres más respetados cuando
se habla de qvevri; y Tbilvino, bodega de mayor escala que ayudó a llevar
variedades como Saperavi y Rkatsiteli a mercados internacionales. También destacan
proyectos como Alaverdi Monastery Cellar, Orgo y Okro’s Wines, muy buscados por
aficionados a los vinos ámbar y de baja intervención.
Entre los vinos o estilos más famosos se pueden
mencionar Rkatsiteli Qvevri, Saperavi y los vinos ámbar de Kisi o Mtsvane. Más
que etiquetas aisladas, Georgia vende una idea: beber algo que parece venir de
otro tiempo. Y ahí está su potencia.
La cultura popular también ayudó a amplificar
esta curiosidad. La serie Drops of God, conocida en español como Gotas de Dios,
regresó con una segunda temporada en Apple TV en enero de 2026 y ubica parte de
su búsqueda enológica en escenarios como Georgia. La ficción toca algo real:
este país no seduce solo por sus vinos, sino porque obliga a recordar que antes
de que el vino fuera lujo, puntuación o etiqueta, fue rito, alimento, familia,
tierra y memoria.
Quizá por eso los vinos georgianos están de
moda. No porque sean nuevos, sino porque el mundo vuelve a necesitar vinos con
alma antigua.
Leo
Saracho Sommelier | Vino & cultura gastronómica
RECOMENDACIONES
DE ENLACES
•
Enlace externo recomendado: UNESCO - Ancient Georgian traditional Qvevri
wine-making method.
•
Enlace externo recomendado: National Wine Agency of Georgia - Qvevri Wine.
•
Enlace externo recomendado: OIV - World Wine Production Outlook 2025.
•
Enlace externo recomendado: Apple TV - Drops of God.
• Enlace interno sugerido: nota del blog sobre vinos naturales o baja
intervención, si ya está publicada.
• Enlace interno sugerido: nota sobre ferias de vino o tendencias
gastronómicas, si ya está publicada.
FUENTES
CONSULTADAS PARA CONTROL EDITORIAL
• UNESCO: Ancient Georgian traditional Qvevri wine-making method,
inscrito en 2013 como Patrimonio Cultural Inmaterial.
•
National Wine Agency of Georgia / Wines of Georgia: historia de 8.000 años,
qvevri y variedades autóctonas.
• OIV: World Wine Production Outlook 2025, estimación de producción de
Georgia en torno a 2,1 millones de hectolitros.
• Apple TV y prensa especializada: estreno de Drops of God, temporada 2,
enero de 2026, con expansión de la historia hacia Georgia y otros escenarios.



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