LOS VINOS DE AMALFI: CUANDO LA MONTAÑA APRENDE A BEBER DEL MAR
Amalfi suele entrar por los ojos. La carretera suspendida sobre el Tirreno, las casas que parecen apoyarse unas sobre otras, los limones enormes, el azul profundo del mar y una sucesión de pueblos que, vistos desde lejos, parecen imposibles. Pero detrás de esa postal existe otra Amalfi: una costa trabajada a mano. En sus laderas, la viña no ocupa simplemente un paisaje; ayuda a sostenerlo. Los muros de piedra seca contienen la tierra, ordenan el agua y permiten cultivar allí donde cualquier lógica moderna habría decidido abandonar. Por eso los vinos de Amalfi no se entienden únicamente desde la copa. Son vinos de pendiente, de pequeños bancales, de vendimias exigentes y de familias que durante generaciones aprendieron a trabajar entre montaña y mar. La Costa d’Amalfi DOC reúne tres subzonas: Furore, Ravello y Tramonti. Cada una expresa un matiz distinto, aunque todas comparten una viticultura marcada por la dificultad del relieve, la cercanía del Tirreno y la presencia de v...