El Asado
El Asado Pensar en un asado es pensar en recuerdos. No son solo cortes de carne ni brasas encendidas, sino momentos. Instantes que se guardan en la memoria como fotos que nunca se imprimieron pero que siguen vivas. Todo arranca con un mensaje corto, casi una contraseña secreta: “¿Sale asadito?” o “¿Se prende el fuego hoy?”. Y entonces, como si se tratara de un ejército bien entrenado, las tareas se reparten sin discusiones. El Gordo anuncia que él compra la carne; el Flaco, que trae el vino y la soda; Carlitos promete la picada. Nadie pone peros. Claro, siempre hay detalles: el encargado de las bebidas se olvida el hielo y tiene que salir corriendo, o el que debía traer el carbón llega cuando las brasas ya deberían estar encendidas. Pero todo se resuelve con la precisión de un operativo espacial: es la NASA pero con olor a humo. El que compra la carne sabe que no puede fallar. Es el verdadero equilibrista del grupo: tiene que contentar a todos. ¿Tira de asado ancha o banderita? ¿Vacío ...