La recepción, el principio de las ganancias

 


Hay puestos dentro de un restaurante que parecen menores hasta que fallan. Ahí es cuando uno entiende todo lo que sostenían.

La recepción es uno de ellos.

Es el primer pantallazo del cliente. Es la sonrisa genuina, el “buenas noches”, la primera mirada y esa sensación inmediata de pensar: “acá me van a tratar bien”. Pero si lo miramos desde un punto de vista más técnico, gastronómico o comercial, la recepción también puede ser uno de los grandes pilares de la facturación de un restaurante.

Porque no se trata solo de recibir gente. Se trata de administrar tiempos, ordenar el caos, acomodar egos, apagar incendios antes de que existan y entender que la primera impresión muchas veces define cuánto está dispuesto a perdonar un cliente durante el resto de la noche.

La persona que está en la puerta tiene que ser rápida, astuta, elegante, paciente y, sobre todo, muy hábil para surfear olas.

Hace algunos años tuve la fortuna de visitar, con una reserva hecha tres meses antes, un restaurante de renombre en la bellísima ciudad de París. Llegamos a la recepción y había dos señoritas y un caballero. Los tres impecables, relucientes y con una sonrisa cinematográfica. Bueno, por lo menos las chicas.

El señor, que parecía ser el jefe, estaba haciendo scroll en Facebook. Lo sé porque detrás suyo había un espejo enorme y, gracias al reflejo, podía ver perfectamente a qué publicaciones les estaba dando “me gusta”. El verdadero papelón llegó cuando una de sus compañeras tuvo que pegarle un codazo para que dejara de mirar el teléfono y nos atendiera.

Y después dicen que están en todos los detalles.

Pero más allá de la anécdota, hay algo importante: la recepción no puede dormirse nunca.

Tiene que existir una comunicación constante con la sala. Porque es ahí donde empiezan los tejes y manejes para ubicar estratégicamente a la gente. Evaluar quién está esperando, qué mesa está por levantarse, qué cliente conviene sentar primero, quién está de mal humor, quién viene con hambre, quién tiene reserva, quién quiere una mesa específica y quién simplemente quiere sentarse ya.

Cuando el restaurante está lleno, la recepción se transforma casi en una partida de ajedrez.

Hay clientes que tendrán que esperar unos minutos, otros que se pueden adelantar, alguna invitación con una copa de Cava para bajar tensiones y mientras tanto todo el equipo juega y hace malabares para que la sala siga girando.

El que realmente trabajó en gastronomía entiende perfectamente de qué hablo. Y el que no, probablemente empiece a prestar más atención a estas pequeñas jugadas la próxima vez que vaya a un restaurante.

Porque una buena recepción puede hacer que un cliente espere diez minutos sin enojarse. Puede hacer que alguien acepte una mesa peor de la que imaginaba. Puede hacer que una pareja empiece la noche de buen humor o que un grupo grande tenga paciencia.

Y todo eso, aunque parezca exagerado, termina impactando directamente en la caja.

Un cliente cómodo consume más.

Pide una botella más.

Acepta mejor una sugerencia.

Se queda para el postre.

Vuelve.

La recepción no es solo un puesto para alguien que hable idiomas, sonría y vista elegante. Todo eso ayuda, claro. Pero hace falta algo más: capacitación, entrenamiento, lectura de sala, oficio y experiencia.

Porque si esa persona no está a la altura de la situación, el restaurante puede perder dinero sin siquiera darse cuenta.

Y no nos olvidemos de algo igual de importante: la salida.

Muchas veces el cliente ya pagó, le dijo al camarero que estaba todo rico, dejó una buena propina y nadie en la puerta lo despide.

Como si una vez cobrada la cuenta el caso estuviera cerrado.

Que se vayan y listo.

Pero no.

También tiene que haber alguien ahí para decir “gracias”, “que tengan buena noche”, “vuelvan pronto”.

Hasta el mismísimo Apu, en Los Simpson, lo entendía perfectamente.

Porque la puerta de salida también es parte de la experiencia.

Y porque muchas veces, paradójicamente, esa misma puerta puede ser también la entrada o la salida de nuestro dinero.

Leo Saracho Sommelier | Vino & cultura gastronómica



 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Nuestro Cóctel "Ferroviario"

Jerez, donde el tiempo se convierte en Brandy

Coctelería Japonesa, Tokio