Llopart, sinónimo de Corpinnat
Desde la llegada se respira una calma
particular. Una quietud que parece acompañar el ritmo con el que deberían
disfrutarse estos vinos espumosos. O, mejor dicho, Corpinnat.
Con reserva previa y gracias a una invitación
de Vila Viniteca, decidimos pasar un domingo distinto y visitar una de
las bodegas más queridas de Sant Sadurní d'Anoia: Llopart.
Ubicada en lo alto del Penedès, la bodega
parece haber sido elegida con una visión que hoy resulta evidente. Como si
generaciones anteriores hubiesen sabido que ese lugar, entre colinas y viñas,
terminaría siendo un pequeño paraíso para los amantes de los vinos espumosos.
El día acompañaba. A pesar de estar en invierno,
el sol asomaba tímidamente entre las nubes. Aunque pronto entenderíamos que el
verdadero clima de la visita se encontraba bajo tierra, en las cavas donde el
tiempo trabaja en silencio.
Una familia
que entiende el paso del tiempo
Al llegar nos recibe un joven de apenas 19
años, de apellido Llopart.
La escena ya dice bastante: un domingo, una
bodega familiar, y un miembro de la nueva generación guiando la visita con una
mezcla de curiosidad y responsabilidad.
En ese momento uno entiende que, para esta
familia, el apellido no es solamente una marca en una etiqueta. Es una historia
que se protege.
Tras una breve presentación comenzamos el
recorrido clásico. Fotografías antiguas, retratos familiares y algunos
fragmentos de la historia de la bodega ayudan a comprender cómo se fue
construyendo este proyecto a lo largo de generaciones.
Luego salimos hacia los viñedos. Las viñas
descansaban en su periodo invernal y la pendiente del terreno dejaba claro algo
evidente: aquí el trabajo sigue siendo manual.
El discurso se repite con naturalidad durante
la visita: territorio, trabajo artesanal y producción limitada.
Tres ideas simples que, en realidad, resumen
bastante bien la filosofía de la casa.
Entre
historia y paciencia
Una breve caminata nos lleva a una de las
cavas donde se proyecta un pequeño video que resume el proceso de elaboración.
Desde la vinificación hasta el embotellado, una introducción didáctica al
método tradicional que permite entender qué ocurre antes de que las burbujas
lleguen a la copa.
Al terminar, la conversación se vuelve más
personal.
Le pregunto al joven Llopart qué peso siente
sobre sus hombros al formar parte de una familia con tantos años de historia.
Sonríe.
Y responde con una frase que resume bastante
bien el espíritu del lugar:
“Todavía no tengo idea de nada, solo sé que
hay que cuidarla”.
Una respuesta sencilla, pero con mucho más
peso del que parece.
En algún momento de la charla aparece también
la filoxera. Aquellos años de devastación que marcaron la historia del vino
europeo y que obligaron a muchas familias a reconstruirlo todo desde cero.
En Llopart ese recuerdo sigue presente, aunque
se mencione casi al pasar.
Quizás por eso aquí se percibe con tanta
claridad la idea de continuidad.
La catedral
de las burbujas
La visita continúa hacia la cava principal.
Allí reposan cientos de botellas colocadas en
pupitres de madera, esas estructuras triangulares donde el vino realiza su
crianza sobre lías antes del degüelle.
Hay muchas botellas, sí, pero no tantas como para
pensar en una producción industrial. El volumen parece cuidadosamente
contenido.
Nuestro guía explica con claridad el proceso.
La función de la tapa corona, el papel de las lías y la paciencia que exige el
método tradicional.
Las lías —las levaduras que permanecen en
contacto con el vino— son responsables de esas notas de panadería, frutos secos
y complejidad que tanto valoramos en los grandes espumosos.
Un detalle interesante es que algunas botellas
están iluminadas desde atrás para mostrar visualmente la evolución del
sedimento. Una forma simple pero muy eficaz de explicar un proceso que, contado
solo con palabras, muchas veces resulta abstracto.
Cuando
llegan las copas
Tras la visita, quedamos en manos de Josep
Llopart, quien nos recibe para la parte que inevitablemente esperamos: la
cata.
El espacio parece casi privado. Una reja
separa esta sala de la gran cava donde descansan algunas de las botellas más
especiales de la casa.
Una mesa amplia, copas preparadas y algunos
quesos. Todo listo.
La cata comienza con Llopart Brut Nature
Reserva, el clásico ensamblaje de Xarel·lo, Macabeo y Parellada con
más de 24 meses de crianza. Un vino fresco, directo, de esos que invitan a seguir
bebiendo.
Seguimos con Panoramic Imperial Brut,
elaborado con las mismas variedades, pero con una crianza que supera los 54
meses. Aquí el vino gana volumen y complejidad sin perder frescura.
El Microcosmos Rosé Brut Nature aporta
un cambio de registro. Garnacha, Monastrell y una presencia importante de Pinot
Noir construyen un rosado vibrante, de fruta roja marcada y buena tensión.
Luego llega Leopardi Brut Nature,
nuevamente con el trío clásico de variedades, pero con una crianza que supera
los 66 meses.
La cata continúa con Ex Vite, elaborado
con Xarel·lo y Macabeo provenientes de viñas viejas, con más de 100
meses de crianza. Un vino serio, profundo, de esos que obligan a prestar
atención.
El cierre no podría ser más interesante: Llopart
Original 1887 (2013).
Aquí aparece una variedad que merece detenerse
un momento: Montònega, una antigua uva blanca del Penedès que durante
mucho tiempo se confundió con la Parellada. Junto a Xarel·lo y Macabeo
construye un vino que combina frescura y profundidad tras más de 120 meses
de crianza.
Una auténtica joya.
Mucho más
que una bodega
Llopart es una bodega familiar.
Pequeña en escala, pero grande en identidad.
Elegante sin necesidad de demostrarlo y
profundamente ligada al territorio.
Visitarla permite entender de cerca algo que
muchas veces se explica mal desde fuera: qué significa realmente el
movimiento Corpinnat.
No se trata solo de una categoría ni de una
etiqueta en la botella.
Se trata de tiempo.
De paciencia.
Y de generaciones que aprendieron que, en el
mundo de las burbujas, las mejores cosas siempre llegan despacio.
Información
útil de la visita
📍 Bodega: Llopart
📍 Ubicación: Sant Sadurní d'Anoia – Alt Penedès
🍾 Tipo de productor
Bodega familiar especializada en espumosos de larga crianza bajo el sello Corpinnat.
🍇 Variedades principales
- Xarel·lo
- Macabeu
- Parellada
- Montònega
⏳ Crianza típica
Entre 24 y más de 120 meses sobre lías.
👨👩👧 Estilo de la bodega
Espumosos gastronómicos, con crianzas largas,
gran precisión y fuerte identidad del Penedès.
Si
visitas Llopart, no te pierdas
🍾 Original 1887
Uno de los espumosos más emblemáticos de la casa.
🍾 Ex Vite
El proyecto de viñas viejas con crianzas superiores a 100 meses.
🍾 Microcosmos Rosé
Una interpretación vibrante del rosado espumoso del Penedès.
Para
entender el contexto
El proyecto Corpinnat nació en 2018
cuando varias bodegas del Penedès decidieron abandonar la DO Cava para crear un
sello centrado en:
- viticultura ecológica
- vendimia manual
- origen 100 % Penedès
- crianzas largas
Llopart forma parte de este grupo de
productores que buscan posicionar los espumosos del Penedès entre los grandes
vinos espumosos del mundo.

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