Vinos de India: el gigante que comienza a mirar hacia los viñedos
Durante
décadas, cuando el mundo pensó en India pensó en té, especias, curries, arroz,
mercados desbordados y una cultura del whisky tan poderosa como antigua. El
vino parecía no tener demasiado espacio dentro de esa imagen. Sin embargo,
mientras buena parte del consumo mundial se estanca y las regiones
tradicionales buscan nuevos compradores, India comienza a aparecer como una de
esas preguntas que la industria ya no puede ignorar.
No porque
hoy sea una potencia vitivinícola. Todavía está lejos de serlo. Su consumo por
habitante es mínimo, las exportaciones son pequeñas y el vino apenas ocupa una
porción del enorme mercado de bebidas alcohólicas del país. Pero cuando un
territorio de más de mil millones de personas empieza a plantar, beber, viajar
a bodegas y mirar la copa con curiosidad, hasta los números modestos adquieren
otra dimensión.
El centro
de este movimiento está en Nashik, en Maharashtra, una región de tradición
frutícola que se convirtió en la capital del vino indio. Allí creció Sula
Vineyards, la empresa que probablemente hizo más que ninguna otra por
transformar el vino en una experiencia reconocible para el consumidor local.
Cerca de Pune y Akluj también se extienden viñedos importantes, mientras que al
sur, en Karnataka, Nandi Hills y Hampi Hills ofrecen altitud, noches más
frescas y algunos de los proyectos más interesantes del país.
Hacer
vino en India obliga a discutir muchas certezas europeas. El monzón, la humedad
y el calor no parecen aliados naturales de la vid. Por eso, el calendario se
adapta mediante podas y vendimias durante la estación seca. La altitud cobra
importancia, el riego es imprescindible y cada cosecha exige una lectura
distinta del clima. No se trata de reproducir Burdeos bajo el sol tropical,
sino de aprender a construir una viticultura posible donde, en principio,
parecía improbable.
Las
variedades muestran todavía una identidad en formación. Chenin Blanc y
Sauvignon Blanc ofrecen blancos directos y aromáticos; Shiraz, Cabernet
Sauvignon y Merlot dominan buena parte de los tintos; Chardonnay aparece en
vinos tranquilos y espumosos, y el Sangiovese encontró un lugar particular en
los viñedos de Fratelli. También existen rosados, vinos dulces y burbujas capaces
de acompañar un mercado que se acerca al vino desde estilos amables antes que
desde la austeridad.
Las
bodegas más visibles cuentan esa evolución. Sula representa escala,
distribución y enoturismo. Grover Zampa trabaja entre Nashik y Nandi Hills y se
apoyó durante años en la mirada del enólogo francés Michel Rolland. Fratelli
nació de la unión de familias indias e italianas y llevó a Akluj el
conocimiento de la Toscana. KRSMA, en Hampi Hills, eligió un camino más pequeño
y enfocado en vinos de finca. Chandon India, perteneciente al grupo francés
Moët Hennessy, confirmó que el país no es visto solamente como un destino de
ventas, sino también como un lugar donde producir.
Francia e
Italia aportaron inversión, consultoría y lenguaje técnico. Australia observa
India como un mercado estratégico y ha desarrollado acuerdos e intercambios
vinculados al comercio y la producción de vino. Ese apoyo extranjero no debería
entenderse como una tutela permanente, sino como una primera etapa. El
verdadero crecimiento llegará cuando India deje de perseguir modelos ajenos y
encuentre vinos que puedan reconocerse como propios.
La
gastronomía puede ser su gran oportunidad. Una cocina atravesada por especias,
picantes, fermentaciones, salsas, legumbres, carnes tandoori y preparaciones
regionales necesita algo más que tintos maduros y madera. Blancos con acidez,
espumosos, rosados secos, vinos ligeros y perfiles aromáticos podrían dialogar
mejor con una mesa que cambia radicalmente de norte a sur. Tal vez el futuro
del vino indio no consista en conquistar a Europa imitando sus vinos, sino en
comprender qué quiere beber India con su propia comida.
Por
ahora, la mayor parte de las botellas permanece dentro del país. Las
exportaciones crecen, pero siguen siendo pequeñas y funcionan más como señal
que como conquista. El mercado interno, con impuestos complejos, regulaciones
diferentes entre estados y una histórica preferencia por los destilados,
continúa siendo el gran desafío y, al mismo tiempo, la gran promesa.
India
todavía no ocupa un lugar central en el mapa del vino. Pero quizá estamos
mirando demasiado el lugar que ocupa hoy y demasiado poco el espacio que podría
ocupar mañana. Algunos países entran en la conversación porque el mundo
descubre sus viñedos. Otros lo hacen cuando comienzan a descubrirlos ellos
mismos.
Leo
Saracho
Sommelier | Vino & cultura gastronómica


.jpeg)
Comentarios
Publicar un comentario