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Jerez, donde el tiempo se convierte en Brandy

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Viajar a Jerez de la Frontera siempre implica entrar en una dimensión paralela donde el tiempo se mide de otra manera. No por horas ni por días, sino por criaderas, soleras y generaciones. Esta vez el motivo fue tan académico como emocional: participar del Curso de Formador Homologado de Brandy de Jerez, una instancia formativa que se realiza una vez al año —impulsada por el Consejo Regulador del Brandy de Jerez— y que, en esta edición, reunió a tan solo 18 profesionales del sector. Desde el primer momento quedó claro que no se trataba únicamente de un curso técnico, sino de una verdadera inmersión cultural en uno de los patrimonios espirituosos más singulares y reconocibles del mundo. Las jornadas combinaron formación teórica con experiencias sensoriales de altísimo nivel. Tuvimos el privilegio de asistir a clases impartidas por referentes absolutos del Marco de Jerez, entre ellos César Saldaña, cuya capacidad para transmitir historia, regulación y visión de futuro convierte cada inte...

Alsacia en un Bocado

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Hay viajes que uno planea con mapas, horarios y presupuestos, y otros que se revelan apenas uno da el primer paso. Alsacia fue de estos últimos. Yo, que suelo moverme entre bodegas, restaurantes, parrillas y barras, me encontré viajando en diciembre a Estrasburgo, una ciudad donde la gastronomía no es solo un oficio ni un patrimonio cultural: es una forma de vivir. Y, para un sommelier que viene del sur del mundo, también es una sorpresa constante. Estrasburgo en diciembre no se visita, se respira . El aire huele a vino caliente, a madera húmeda, a especias que hierven en ollas gigantes, a manteca fundida en cada puesto de crêpes, y a esa mezcla de humo y pan tostado que solo existe en ciudades que viven sus inviernos con orgullo. A cada paso, un mercado navideño. A cada esquina, una taza caliente. A cada plato, una historia. Viajar a un lugar es, para mí, llevarme un sabor. Esta vez me traje varios: el pato, el foie gras, las salchichas ahumadas, los vinos blancos de Alsacia, el pinot...

La Pizza: del horno napolitano al corazón argentino

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Hablar de pizza en Argentina es hablar de identidad. No de un plato, sino de un código cultural. La pizza cruzó el Atlántico con los inmigrantes napolitanos a fines del siglo XIX, pero fue en Buenos Aires donde encontró un lugar nuevo, propio y definitivo: el hogar del molde, la muzzarella desbordada y el ritual compartido. Italia vs. Argentina: dos mundos, una misma masa La pizza original, la napolitana, nació humilde: masa fina, cocción rápida, ingredientes mínimos y una defensa casi religiosa de su tríada perfecta: tomate, mozzarella y albahaca. Pero cuando esa tradición llegó al Río de la Plata, chocó —en el mejor sentido— con el espíritu porteño. Así nació la pizza al molde, más alta, más esponjosa, más generosa. Una pizza que no pretende imitar; pretende celebrar. Pizzerías como Guerrín (1932) , El Cuartito (1934) , Las Cuartetas (1932) o Santa María (1947) definieron un estilo que se volvió patrimonio emocional tanto como gastronómico....

Ventas Malagueñas: la esencia gastronómica de Andalucía rural

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Introducción Descubrimos las ventas malagueñas casi de casualidad. Investigando, un par de influencers mencionaban este tipo de restaurante y decidimos conocer algunos de ellos. Más allá de algunos posts o reseñas, no hay tanta información sobre estos lugares —o al menos no para forasteros como nosotros—. Y ahí comenzó la curiosidad. ¿Qué es una “Venta”, “Ventorro” o “Ventorrillo”? En el contexto español, y de forma muy particular en Andalucía, una venta es un establecimiento tradicional de hostelería que reúne varios rasgos característicos: Ubicación en caminos reales, encrucijadas o pasos montañosos. Comida y alojamiento para viajeros, comerciantes y arrieros. Arquitectura funcional: portón para carruajes, cuadras, cocina grande, patio y habitaciones en planta alta. Espacio de encuentro social y gastronómico, con leyendas de bandoleros y viajeros. En resumen, una venta es mucho más que un restaurante rural: es un híbrido entre posada, fonda, taberna y refugio, ada...

Zaragoza, crónicas de un almuerzo

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Vista de la Basílica del Pilar, corazón espiritual y visual de Zaragoza. Fui a visitar a mi hermano a Zaragoza. La mejor idea es ir cuando está a tope de turismo. No, mentira. No es el mejor momento. Pero no me importó: reservamos hotel el 5 de octubre, fecha clave, justo cuando comienzan las celebraciones de la Virgen del Pilar . Llegan turistas desde toda España, e incluso más allá. Se puede visitar la Basílica del Pilar de forma gratuita —una rareza enorme— y me parece bien, porque mantener semejante patrimonio no debe ser nada barato. Una vez adentro, si levantamos un poco la vista, nos encontramos con algunos frescos de un tal Francisco de Goya (quizás lo hayan escuchado nombrar). También hay dos bombas colgadas en una de las columnas: cayeron durante la Guerra Civil Española y nunca explotaron. Y, por supuesto, está la imagen de la Virgen del Pilar . Si esperan una virgen de treinta metros, imponente, rodeada de parafernalia… no, no va a pasar. Es muy pequeña, no super...

ViveVino Natural Wine Bar (Valencia)

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ViveVino Natural Wine Bar (Valencia) — Leo Saracho ViveVino Natural Wine Bar (Valencia) Vinos honestos, barra mínima y oficio. Cuando la precisión del servicio y la curiosidad por lo local ( Merseguera , Bobal , Tardana ) hacen que un wine bar pequeño suene grande. Valencia posee vinos muy diversos y lo comprobé en ViveVino, un wine bar pequeño dedicado al vino natural. Nos recibe Nieves , apurada y con una “mirada de caos” que cualquier gastronómico reconoce: la de quien sostiene el ritmo con oficio. “Este es el lugar que buscábamos”, pensamos, tras una experiencia no tan buena en otro bar de vinos naturales. Nos acomoda en la barra —pequeña, suficiente—: a un lado, un habitué; al otro, dos turistas; un poco más allá, alguien silencioso disfrutando a su modo. En la cocina mínima, las manos ágiles de Martha se mueven como pez en el agua: atenta, precisa, seria. La carta llega breve y c...

Bares chinos con espíritu español

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Llevo más de un año en España. Pasé por Málaga, recalé en Barcelona y en este tiempo comí de todo y en todos lados. Ya lo sabemos: si uno quiere comer barato y a la manera de antaño, hay que entrar en un bar típico español. Hasta acá nada nuevo. La pregunta incómoda es: ¿cuántos de esos bares son realmente españoles? Descubrí pronto que los sitios donde cierran tarde, sirven una caña a precio decente y todavía te ponen un plato sencillo, local y abundante, tienen una particularidad: los regentan chinos. Los defensores del espíritu catalán dirán: “No, aún quedan bares auténticos, donde late la Barcelona de siempre” . Y sí, existen, pero abren poco, cierran temprano, te reciben con desgano y a veces se aferran al idioma como los Castro a Cuba. Que quede claro: me importa poco que me hablen en catalán, faltaba más; cuando fui a Japón me hablaron en japonés y punto. Pero si acá pregunto qué lleva un plato, al menos tengan la delicadeza de explicarlo en castellano, porque lo hablan —y p...